martes, 12 de septiembre de 2017

El niño de 12 años que se cambió de género y se arrepintió

Un joven australiano decidió hacer el tránsito para que lo tratasen como mujer, sin embargo, dos años después, se arrepintió de haber tomado esta decisión.


Un joven australiano de 12 años se cambia de género, quería sentirse mujer. Dos años después, reversó su decisión. Después de que le comenzaron a crecer los senos, por la aplicación de hormonas femeninas, Patrick Mitchell se arrepintió y le declara a su madre que se siente cómodo siendo varón. La historia fue publicada en el diario The Independent.

El médico tratante lo había diagnosticado con un trastorno psiquiátrico denominado disforia de género, el cual ha causado gran polémica y rechazo entre la comunidad LGBTI quienes, en la mayoría de los casos, afirman haber nacido en un cuerpo ajeno y no creen que se trate de una disforia que los considere personas enfermas. No obstante, Patrick le suplicó a su madre desear ser niña, su madre aceptó y buscó ayuda para empezar a tomar estrógenos.

Ahora, la súplica del niño a su madre es que lo vuelva a llevar al médico. Quiere volver a ser varón "Ya no estoy seguro de ser niña", dice Patrick.

Ha dejado de tomarse sus medicamentos y está a punto de comenzar una cirugía para remover el exceso de tejido mamario. Dicha condición médica está aumentando según la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, que mediante un estudio investigativo, comprobó que el 1% de la población encuestada se considera variante de género.

La pregunta que surge es si es correcto que en las sociedades modernas se les permita a los menores de edad tomar este tipo de decisiones que puedan implicar un alto grado de consecuencias a futuro.

Pero no solo hay implicaciones en la salud, en este caso. Las personas transgénero sufren cambios drásticos durante la aplicación de hormonas, ya sean estrógenos o testosterona. Esto implica una reducción de la expectativa de vida para quien los consume.

Además, muchas personas que deciden cambiar de género se auto medican, por lo que no establecen criterios científicos a la hora de suministrar las dosis. En el caso de la testosterona cuando es aplicada en dosis superiores puede causar infartos y problemas cerebrales. Cuando se aplican hormonas el cuerpo empieza a desarrollar acné y las personas sufren cambios de humor drásticos.


viernes, 8 de septiembre de 2017

La trágica historia de la gimnasta que venció a ComaneciElena Mukhina obtuvo el oro en el mundial en Estrasburgo (Francia). Dos semanas antes de los Olímpicos en Rusia quedó tetrapléjica.

La gimnasta, que tenía 18 años en ese entonces, cayó mal mientras trataba de hacer ese famoso salto. El primer impacto lo recibió en su mandíbula. Se rompió el cuello y algunas vertebras. Quedó tetrapléjica. Cuando despertó lo primero que dijo fue: “Gracias a Dios no iré a los olímpicos”.


No estaba lista

La moscovita había sufrido una fractura en una de sus piernas en un campeonato de 1979. Pero como ella era la esperanza para posicionar a Rusia como el mejor del mundo en gimnasia, el líder del club nacional, Aman Shaniyazov y Klimenko la llamaron a entrenar antes de que se terminara de recuperar.

Mukhina volvió a lastimarse y tuvo que ser sometida a una cirugía en su pierna. Esta vez los entrenadores fueron más flexibles pero, de nuevo, la presionaron para que iniciara su entrenamiento antes de que hubiera terminado su recuperación.

A pesar de que Muhina no se había recuperado completamente, ella tenía que entrenar más horas diarias y además su entrenador le exigía incluir el ‘Salto Thomas’. Se trataba de una revancha y el grupo de gimnastas rusos estaba preocupado de que la rumana Nadia Comaneci -quien obtuvo sietes puntuaciones de 10 en las olimpiadas de 1976- repitiera la hazaña en suelo ruso.

Esta chica, de cabello dorado y de ojos azules, perdió a su madre cuando tenía cinco años en un incendio. Así que su abuela Ana Ivanova se hizo cargo de ella hasta que entró a la escuela de gimnasia a los 12 años. Allí pasaba la mayor parte de su tiempo y los entrenadores eran como sus padres.  

Las chicas que llegaban a esta escuela se enfrentaban a entrenamientos muy duros. Los valores eran perfección, valentía, riesgo y trabajo. Constantemente les repetían: “Tengo a las chicas más bellas del mundo, a las mejores del mundo. Ustedes pelean con la muerte pero salen airosas, brillan. La muerte no las alcanzará. Recuerden que la acrobacia es mover el cuerpo pero también el alma”.

Mukhina se destacó en el campeonato mundial de gimnasia de Estrasburgo (Francia) en 1978. Obtuvo cinco medallas de oro y desbancó a Comaneci. “Nos entrenan para ser las mejores de mundo. Si no logramos ser las mejores entre las mejores todo el esfuerzo no vale nada”, dijo la moscovita en una entrevista después de llevarse el mayor galardón.

En Estrasburgo Mukhina fue la vencedora por la complejidad de sus movimientos, por la combinación de elementos y la reconocida elegancia de las gimnastas rusas. Era en ese entonces la esperanza y la cara más visible para ganar las olimpiadas que se celebrarían en Moscú y para quitarle el título a Rumania.

Luego del accidente

Una vez iniciaron las olimpiadas el único comentario que se hizo fue que Mukhina no asistiría a la competencia porque se recuperaba de una lesión. Hasta un año después el mundo conoció el estado real de la deportista. Ese año le entregaron la Orden Olímpica, el galardón más importante concedido por el Comité Olímpico Internacional.

“Mi lesión podría haberse anticipado. Yo no estaba lista para hacer ese salto, así que si lo hacía era inevitable que me sucediera lo que me pasó. Yo había dicho, más de una vez, que me iba a romper el cuello haciendo ese elemento. Me había hecho mucho daño varias veces, pero él (el entrenador Mikhail Klimenko) simplemente respondió: ‘la gente como yo no se rompe el cuello’”, dijo Mukhina en una entrevista para medios locales.

La deportista también explicó que para su país ganar los Juegos Olimpicos siempre había significado algo más que el prestigio de la nación. Los deportistas encarnan la excelencia del país, son los que imponen un símbolo de superioridad. Por eso se demanda una victoria a cualquier precio. “En cuanto al riesgo, una vida humana vale poco en comparación con el prestigio de la nación; nos han enseñado a creer esto desde la infancia”, señaló.

La gimnasta conocida como la chica de mirada triste se preguntaba por qué los demás entrenadores de la selección nacional se quedaron callados. “Todos sabían que no estaba preparada para ese salto y guardaron silencio. Nadie se detuvo a decir que parara”.

A pesar de todo Mukhina también asumió responsabilidad: "Fui estúpida. Lo único que quería era justificar la confianza que habían puesto en mí y ser una heroína."

Klimenko no fue incluido en la lista de entrenadores olímpicos soviéticos debido al accidente de Mukhina. Emigró a Italia, donde vivió con sus hijos. Padeció cáncer y murió a los 65 años en noviembre del 2007. Y el ‘Salto Thomas‘ fue prohibido para la gimnasia femenina.

Rusia ganó en 1980 a pesar de todo lo que sucedió. No había duda de que el grupo de gimnasia en el que estaba Mukhina superaría a las rumanas.

Mukhina mostró un gran interés en los niños y jóvenes gimnastas, tanto antes como después de su lesión. También expresó una profunda fe religiosa, y era aficionada a los caballos y a los dibujos animados.

Agradeció a sus excompañeras que se mantuvieron en contacto con ella, especialmente Yelena Davydova, quien ganó el oro en 1980 -derrocando a Comaneci- y a quien describió como "una verdadera amiga".

La deportista murió a los 45 años por las complicaciones que le generaba su parálisis. A pesar de su tragedia, su legado sigue vivo. Ella fue la primera mujer en ejecutar elementos que se ven en la gimnasia como la pirueta mortal en suelo.

Ilustraciones de la decadencia humana que sólo entenderán las personas con criterio

El mundo contemporáneo esta lleno de apariencia, de mentiras, de incertidumbres, de irrealidades. Nos encontramos ante una sociedad con miedo, con cámaras por doquier y nada de descanso. Vivimos con la falsa necesidad de tenerlo todo al instante, de comprar lo último en la moda, de mostrar nuestros momentos más sentimentales en las redes sociales; aparentamos y nos vemos felices, queremos consuelo y simulamos tristeza y así todos parecen creerlo.


Vivimos con marcas comerciales por todo el cuerpo que parecen estar tatuadas en cada centímetro de nuestra piel. Deseamos pertenecer y ser distintos al mismo tiempo y las empresas lo saben. Queremos mostrar la belleza de nuestro cuerpo adornandolo con los más bellos collares o atuendos que sean específicamente de una marca. Criticamos a los demás y vivimos felices bajo esa rutina al ver que alguien prueba su estatus y clase social a través de las redes sociales, que compra un nuevo objeto que todos desean y lo único que hace es subirlo a Facebook, aunque nunca en su vida lo ocupe.

Vivimos en una realidad irreal, y ficticia a la que esperamos nunca llegar. Muchas mujeres hermosas y jóvenes se fijan en hombres mayores, horribles y con mucho dinero para obtener lo que anhelan. Queda de lado la felicidad real, el bienestar emocional, porque las emociones ahora se centran en la apariencia, en mostrar lo que no somos y querer lo que no tenemos, porque el anhelo a lo prohibido nos mueve y nos hace girar ante el mundo que piensa igual que nosotros.

Y la mayoría, con una marca en el pecho que dice “consumo”, nos dirigimos a la inevitable incertidumbre de no pertenecer, de ser excluidos si no tenemos las ventajas de encajar. El mundo está prefabricado; la comida es enlatada, la ropa, los programas de televisión en fin

No vivimos para cuidar a otro ser, a la naturaleza o a los animales, vivimos para cuidarnos, para enriquecernos, para lograr el poder absoluto que nos haga más fuertes que al resto. Los recursos que tenemos se acaban lentamente, pero nos cuesta trabajo entender esta premisa. Buscamos el placer inmediato, nos volvemos una sociedad con la cultura del placer inmediato, del lujo eterno, de las pasiones efímeras.

La tecnología nos encadena, nos dedicamos a ser más populares en un mundo virtual, nos divertimos sólo en la apariencia. Triunfan los estándares de belleza que impone el Photoshop. Nos creemos cultos e informados porque tenemos Twitter y vemos lo que los medios, nuestros amigos y gente famosa escribe o hace. Queremos ser como ellos y convertirme en la copia desgastada de un famoso.


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