jueves, 23 de mayo de 2013

Ser ejemplo

“Sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel”. (2 Crónicas 17:4)

Todos tenemos buenos y malos ejemplos qué seguir, pero depende de nosotros escoger el camino correcto. Si bien, es cierto que las personas influyen poderosamente en nuestra vida y pueden dejar huellas casi imborrables en nuestras actitudes, sentimientos o manera de pensar, la responsabilidad de lo que hemos de hacer con nuestra vida es sólo nuestra. Sin embargo, muchos no pueden librarse de estos condicionamientos aprendidos por lo que vieron o experimentaron aún desde muy pequeños, repitiendo una y otra vez durante toda su vida, ese patrón de conducta.

Sólo hay algo más poderoso que la mente humana y es Dios. Es el único que puede liberarnos de esquemas y paradigmas de fracaso e infelicidad, ayudarnos a renovar nuestra mente y enseñarnos a soñar con los planes y propósitos que Él tiene para cada uno de nosotros. Cuando nos acercamos a Él creyendo en la salvación que nos da a través de su Hijo Jesucristo, un nuevo poder, el de su Santo Espíritu, nos es dado para que sea posible ahora para nosotros, pensar, actuar, sentir de una forma nueva, correcta, adecuada, ya no según condicionamientos del pasado sino según el amor de Dios sobre nuestra vida.

Al igual que en la vida del rey Josafat, rey de Judá, sólo el volvernos a Dios hará que nuestra vida se guíe por la senda correcta, y sólo su luz nos ayudará a elegir lo correcto. Y no sólo eso, también seremos capacitados para conducir a otros por sendas justas que representen bendición para sus vidas. Un ejemplo claro de esto lo vemos cuando Josafat, encontró que la gente no conocía la Palabra de Dios, por tanto, nunca habían reflexionado en sus enseñanzas para salir de su ignorancia espiritual. Se propone enseñar a toda su gente los principios sabios que harían de ellos un pueblo justo, recto, próspero y bendito, logrando así que aprendieran a colocar a Dios en primer lugar, y como consecuencia, cambiaran su manera de vivir.

Cuando el Espíritu Santo es el que mueve y anima nuestro ser cada día, experimentaremos victoria en todo lo que suceda, y traeremos gran bendición a nuestro entorno. Seremos libres del pasado y las experiencias o conflictos vividos, ya no afectarán nuestro presente. Aquellas cosas que nos ataban o condicionaban como el negativismo, el resentimiento, la tristeza, el dolor, nos dejarán para siempre. Dejemos que Él sea el que nos guíe paso a paso en nuestra nueva vida, para que alcancemos todo lo que Él ha preparado, como sucedió con la vida de este gran rey de Judá del que la historia termina diciendo: “Jehová, por tanto, confirmó el reino en su mano, y todo Judá dio a Josafat presentes; y tuvo riquezas y gloria en abundancia”


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