sábado, 25 de mayo de 2013

tener misericordia


“Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva”. (Lucas 8:50)
El sufrimiento de nuestros seres queridos no sólo nos debe causar tristeza, sino que debe impulsarnos a estar de rodillas y rogar a Dios por su intervención. Algunas veces la respuesta de Dios a nuestra necesidad viene enseguida, nuestra preocupación termina y lo solucionamos con un rápido «gracias Señor»; pero en aquellas circunstancias en las cuales el problema persiste por horas, días e incluso años ¿qué actitud es la que asumimos?

La Biblia nos relata un hermoso ejemplo de fe. Un hombre llamado Jairo, uno de los principales de la sinagoga, vino ante Jesús, y postrándose a sus pies le rogaba que le acompañase a casa donde se encontraba su única hija agonizando; mientras esto sucedía, vinieron de su casa con la lamentable noticia que su hija acababa de morir. Pensemos por un instante que alguno de nosotros es el hombre de la historia. Colóquese en su lugar y estará de acuerdo en que seguramente la aflicción y el desaliento nos invadirían, nuestra mente y corazón se sumirían en la más absoluta tristeza y sin ninguna esperanza, volveríamos a casa a enterrar a nuestra hijita. Sin embargo, antes que Jairo pudiera reaccionar, Jesús escucha la noticia y con profunda compasión y autoridad al mismo tiempo, le dice las más maravillosas y esperanzadoras palabras:
“No temas; cree solamente, y será salva”.

Jairo pudo haber creído a sus parientes que le decían: “Todo está perdido” “Nada se puede hacer” “No molestes más al Maestro” “Tu hija está muerta”, y perder toda esperanza, 
pero decidió oír y creer lo que Jesús le decía: “No temas”. Así lo hizo y su hija fue salva.
Esta es la respuesta que todo aquel que nos presentemos ante Dios para clamar y rogar por la familia, recibiremos departe del Todopoderoso. Lo único que debemos hacer es cultivar una fe genuina. Que sepamos muy bien quién es nuestra esperanza.
Puede ser que estemos enfrentando hoy una situación de dolor, un problema de salud o una necesidad económica, y a pesar de su insistencia no haber recibido respuesta y solución. Hoy la invitación es a renovar nuestra fe, entrega a Dios y esperanza en Él. Aferrémonos mucho más fuertemente al regazo de nuestro Padre celestial, mientras escuchamos sus alentadoras palabras: “¿Habrá algo que sea difícil para mí?”

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