lunes, 28 de abril de 2014

DIOS ES PROPICIO A NUESTRA ORACIÓN

“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29: 12-13)

 PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 32:44-47; Lucas 12:32-34

Buscar a Dios, conocerlo, disfrutarlo como Padre, escuchar su voz, estar dispuestos a obedecerle, constituye la más alta garantía de que Él estará con nosotros, que nunca nos dejará, que saldrá por nosotros cada día. Esto fue lo que el rey David esperaba que aprendiera su hijo, quien le sucedería en el trono, dejándole con esta enseñanza la más grande herencia que podía entregarle antes de partir. Le sería más preciosa que el oro y más útil que las buenas relaciones y la fama, y además, asegurarían su reinado en el trono de Jerusalén: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre.” (1 Crónicas 28:9)

Hay un tema sobresaliente en esta enseñanza y es que la relación con Dios incluye corazón. Si no se le busca, se le sirve, o se le sigue, de corazón, el Señor no podrá tomar lugar en nuestra vida ni manifestarse como Él lo anhela; por tanto, no disfrutaremos de los innumerables beneficios que encierra la promesa: “Y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”:

• Recibirá la sabiduría necesaria para vivir feliz.

• Hallará la verdadera vida, la vida abundante, con sentido y propósito.

• Tendrá la certeza de que no estará en oscuridad.

• Habitará bajo el abrigo del Altísimo y contará con su permanente protección.

• Aceptará totalmente su dirección y esto le garantizará la completa provisión.

• Aprenderá a tenerlo como cabeza de su familia y esto le asegurará la restauración y la sanidad para su casa.

Hay muchos tesoros guardados en el corazón, pues es donde suele reservarse lo más importante, lo mejor. La invitación es a orar pidiendo perdón a Dios si no le ha dado el primer lugar. Luego decida hacer de Dios el tesoro de su vida, su mayor riqueza, su más grande posesión. “Venda” todo lo que tiene y “compre” este tesoro, cuídelo y jamás lo pierda.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno gracias por regalarnos un nuevo día y estar en esta mañana escuchándonos, qué alegría saber que tenemos el más precioso tesoro, la más grande posesión, la mayor riqueza que alguien pueda tener. Tú eres lo verdaderamente deseable y codiciable. Humildemente te pedimos que ocupes el lugar que te corresponde: El trono de nuestras vidas, el tesoro más preciado, nuestra mayor riqueza, nuestra más grande posesión y que nos enseñes a buscarte con todo el corazón, a tenerte como cabeza de nuestras familias y a contarte con nuestra permanente protección”. Amén

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.

Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.

rc


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