miércoles, 16 de abril de 2014

“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor” (Efesios 6:7-8)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 13:1-17; Colosenses 3:23-24

No existe nada que realice y dignifique tanto al ser humano como la hermosa experiencia del servicio. Es una manifestación del amor, que recibimos de nuestro Padre Dios, la cual nos permite tener siempre para dar a otros una sonrisa, una palabra de aliento, un abrazo reconfortante o una mano de apoyo en el momento de la necesidad.

Hay mucha gente que sirve por distintas razones y motivaciones. Muchos lo hacen por necesidad, como un trabajo, y, en este caso, una justa remuneración es el pago por su servicio. Pero hay promesa de Dios para aquellos que sirven de buena voluntad por amor, porque experimentan que todo lo que Dios les ha dado, es para compartirlo con los demás. Estos sirven de corazón y con alegría. Lo hacen no como para el hombre, pues en ese caso esperarían recompensa. Lo hacen sin esperar recibir nada a cambio, y entonces, es cuando reciben la recompensa de parte de Dios.

¡Qué maravilloso es ser recompensado por Dios! ¿Imagina usted cómo son las recompensas que da el Todopoderoso, el Padre bueno, cuya medida para dar es siempre generosa, apretada y rebosante?

Nunca repare en la cantidad del servicio ni calcule su costo. Entre más pueda servir, mucho mejor. Recuerde que la promesa incluye que del bien que cada uno hiciere, así recibirá del Señor.

Esté dispuesto a servir antes que a ser servido, aunque esto implique en muchas ocasiones someter el ego, la comodidad y aún dejar a un lado sus necesidades para atender las de otros. Esto no es nada fácil, pero el que acepta y adopta el servicio como un modo de vida, descubre la vida con sentido y realización, felicidad y fruto. Descubre la vida de Cristo, quien fue exaltado hasta lo sumo por el Padre, luego de la más abnegada entrega y del más loable servicio: dar su vida por nosotros (Marcos 10:45)

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno gracias por tu inmensa misericordia de permitirnos estar a Tu  lado en este día, hoy nos sigues enseñando el camino de la felicidad y de la bendición. Que a la luz de Tu Santo Espíritu pueda hoy ser sabio para entender ese maravilloso intercambio, benéfico y favorable: Que mientras nosotros nos ocupamos de servir a otros, Tú te encargas de nuestros asuntos, de nuestras vidas, de nuestras necesidades y de nuestros  anhelos. Gracias por enseñarme a ser como Tú. Enséñanos a hacer todo de buen ánimo como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que de Ti recibiremos la recompensa de la herencia, cuya medida para dar es siempre generosa, apretada y rebosante; a estar  dispuestos a servir antes que a ser servido, sabiendo  que el siervo no es mayor que su señor, ni tampoco el apóstol es mayor que el que le envió.” Amén


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