jueves, 8 de mayo de 2014

DIOS VE NUESTRO SUFRIMIENTO

“Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” (2 Reyes 20: 5- 6)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Reyes 4:8-37; Salmo 114:1-8

El más grande privilegio que tenemos como hijos de Dios es que poseemos una audiencia privada con nuestro Padre Celestial que no tiene límites de tiempo ni espacio. La falta de conocimiento sobre la vida de oración y sus magníficos resultados nos ha llevado en muchas ocasiones a vivir una vida escasa de poder y victoria, o a debatirnos en medio del dolor o la desesperanza cuando vivimos situaciones que son superiores a nuestras fuerzas o conocimientos, y que se nos hace imposible soportar o resolver. Este fue el caso del rey Ezequías ante la llegada inminente de la muerte. Sin embargo, hizo lo único que podía y sabía hacer en estas circunstancias: Oró, y Dios fue propicio a su necesidad.

El poder de la oración es tan grande, que el Señor en su Palabra nos muestra de qué manera los hombres de fe alcanzaron sus propósitos y objetivos al disponerse a hablar con su Creador. Orar es comunicarnos de una manera directa con el único que puede dar solución a nuestras necesidades. A través de muchos momentos de gran necesidad, en los que he visto el respaldo sobrenatural y la gracia divina viniendo en mi auxilio o el de mi familia, he podido descubrir que existen varios principios que debemos aplicar para que nuestra oración sea respondida, los cuales puedo resumir como sigue:

• Deseo Ferviente: Debe quemar ardientemente nuestro corazón. Una oración que no toca el corazón del que ora, tampoco tocará el corazón de Dios. Por esta razón debemos tener un genuino deseo delante de Dios. Ezequías lo hizo con lágrimas.

• Pedir: Algunas veces el corazón está deseoso, pero no obtiene lo que quiere, pues no hace una petición conforme a la voluntad de Dios.

• Obediencia: Dios oye nuestras oraciones, pero es necesario que aprendamos a escucharle primero. Dios escucha la voz de aquellos que le obedecen.

• Fe: Es creerle a Dios, tener confianza en su misericordia y en su poder. Saber que lo que se espera en Él, llegará; lo que no se ve, se hará realidad.

• Alabanza: ¡Alegrémonos y demos gracias! La respuesta efectiva y certera siempre va precedida por la alabanza y la gratitud, pues esta es una actitud que viene de la confianza en que Dios es nuestro Padre y nos ama, y no en la urgente necesidad de ver resuelto un problema

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, gracias por el hermoso privilegio de estar hoy en Tu compañía y de saber que Tú escuchas nuestras súplicas, y has visto nuestras lágrimas. Que todo motivo de preocupación o desazón, por pequeño o grande que sea, podamos convertirlo en oración; así nuestra mente y corazón serán guardados siempre en completa paz. Padre Dios sé propicio a nuestras necesidades, Tu presencia nos vasta, confiamos en Ti, nuestra alma espera en Ti, y sabemos que Tú harás más allá de lo que podríamos imaginar”. Amén

Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
Mensaje basado en el devocional  "Llamado a la oración Lolita Cruz de Chamorro”.
rc

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