martes, 23 de septiembre de 2014

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CUANDO EL DÉBIL SE HACE FUERTE

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Corintios 11:30, Filipenses 4:13

Uno de los aspectos más apasionantes de la vida cristiana, es experimentar la acción del Espíritu Santo vigorizando el brazo del débil para luchar, convirtiéndolo en un valiente guerrero.

En la conquista de la vida abundante y plena, y de la bendición reservada para los hijos de Dios, este aspecto es supremamente importante, pues todos los seres humanos estamos llenos de grandes debilidades que nos impiden vivir en victoria, y nos condenan a una vida de fracasos, derrotas y desaciertos, hasta el momento en que reconocemos nuestra condición, vamos a Dios y somos ungidos por su Espíritu.

Este fue el caso del apóstol Pablo, quien era débil frente a un aguijón que tenía en su carne, por el cual había orado para que Dios se lo quitara, recibiendo siempre la misma respuesta: “Bástate mi gracia”. Comprendamos entonces, que no importa cuán débiles seamos, tenemos quién nos ayude en nuestra debilidad, a tal punto, que la dependencia que se genera de Dios, se convierte en una gran fortaleza espiritual. Allí es donde decimos “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” y vemos cómo Dios se glorifica en nuestra vida.

Esto quiere decir, que los débiles bajo la unción de su Santo Espíritu, glorifican a Dios, se vuelven fuertes y de ellos, se vale Dios. Lo que debemos hacer entonces, es reconocer nuestra condición en todo momento, para que también a cada instante, dependamos del Único que nos fortalece.

¡Qué apasionante es la vida cuando podemos vivirla sin temor, ni a las circunstancias, ni a nosotros mismos! Cuando podemos vivir sin el constante temor a fracasar, no porque seamos perfectos o estemos libres de debilidad, sino porque ante cada una de ellas, sabemos recurrir a la fuente de toda fortaleza y de todo bien.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, anhelo vivir una permanente llenura de tu Santo Espíritu, como mi más grande desafío, porque en tu poder, mi debilidad es transformada en fortaleza, y sólo así, puedo serte útil y dar testimonio de tu amor, hasta con la vida misma si fuere necesario”. 


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