sábado, 11 de octubre de 2014

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OCTUBRE 11 EXHORTACIÓN A LOS PADRES
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 6:6-9; Proverbios 22:6, 15
En este versículo la Palabra de Dios nos presenta una exhortación clara sobre la relación que los padres de todas las épocas y nacionalidades deben sostener y cultivar con sus hijos. Dios no podría dejarnos improvisar en una tarea tan delicada, así que nos deja pautas muy claras, parámetros muy seguros que sirven como un derrotero para todos aquellos que se encuentran confundidos y no saben qué hacer, pues sienten que sus hijos “se salieron de sus manos” o temen que esto pueda llegarles a suceder. El Apóstol Pablo resume la forma adecuada establecida por Dios para la educación de los hijos bajo tres mandamientos: Amar, enseñar y disciplinar.
El amor demanda acción. El amor debe tener una expresión. El amor debe manifestarse a través de palabras cargadas de afecto, de aprobación, de estímulo, e incluso, de amorosa corrección; a través de abrazos o palmaditas en la espalda; a través de una proximidad reconfortante, un apoyo incondicional yunaamistadprofundayverdadera.Todohijoquerecibeesta calidaddeamor,sesentirámuchomás conforme con su vida y se proyectará a metas más altas, podrá establecer relaciones interpersonales de mutua edificación, y en términos generales, será más feliz que aquellos que no perciben este tipo de amor genuino de parte de sus padres.
En segundo lugar, no se trata entonces de instruir en cualquier camino, sino en el único y verdadero, el de la sabiduría, el del conocimiento de Dios. No me refiero a la instrucción académica, me refiero a la enseñanza para la vida. Este tipo de enseñanza está basada en el amor como motivación y en el ejemplo como método, y convierte a los padres en el más adecuado molde, modelo y ejemplo para sus hijos. Con toda seguridad, no se requerirán castigos cuando se instruye de esta forma., tan solo estar atentos todo el tiempo, orientando y guiando. En fin, todo padre debería actuar como le gustaría que sus hijos actuaran. Este fue el ejemplo de Jesús, quien expresó: “aprended de mí, ejemplo os he dado”.
Por último, está el disciplinar. Es la corrección que todo hijo necesita para crecer, madurar y adquirir compromisos en la vida. Es la disciplina del carácter para llegar a ser un hombre o mujer valiosos y útiles a una sociedad. Requiere de amor, paciencia, mucha comprensión y gran firmeza a la vez. Pero, se necesitan unos parámetros claros, invariables, justos, sobre los cuales aplicar la corrección. Dios es el modelo de padre por excelencia, y es Él quien nos capacita por su Espíritu para seguir los parámetros dejados en el Manual de la Vida, la Biblia, los cuales nos llevarán a vivir con bendición y a transmitir esa bendición a nuestros hijos, y por supuesto, a nuestros nietos.
HABLEMOS CON DIOS:
“Amado Dios, hoy te ruego que me hagas sabio para ejercer esta sagrada responsabilidad de ser padre (madre). Enséñame a amar a mis hijos como Tú me amas, capacítame por tu Espíritu para seguir tus mandamientos y de esa manera ser el mejor ejemplo para ellos, y finalmente, dame la comprensión y firmeza para corregirlos. Mis hijos anhelan atención, reclaman tiempo, necesitan juegos, mimos, palabras de estima y seguridad en la instrucción. Sólo con tu ayuda, lo puedo lograr”

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