domingo, 12 de octubre de 2014

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Mi Devocional para hoy, domingo 12 de octubre de 2014

LA IMPORTANCIA DE HABLAR CON SABIDURÍA

“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” (Proverbios 21:23)

PASAJES COMPLEMENTARIOS: Lucas 6:43-45; Mateo 15:17-20

El lenguaje es uno de los mayores privilegios que puede tener un ser humano. A través de él podemos dar expresión a nuestros más nobles y hermosos sentimientos y a nuestras más ingeniosas y sorprendentes ideas. A través de él, podemos alabar a nuestro Padre Dios y llevar mucha bendición a quienes nos rodean. Podemos declarar por la fe, hermosas promesas y esperanzadoras palabras que Dios nos ha dejado escritas en la Biblia y dar dirección a muchos que se encuentran perdidos sin poder hallar el camino hacia su felicidad. Si entendiéramos el valor de las palabras y la trascendencia que ellas tienen, de llevar vida o producir muerte, entonces oraríamos todos los días como el profeta: “Dame lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despierta mañana tras mañana, despierta mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4)

El profeta entendía que para hablar con sabiduría, debía escuchar primero como los sabios. Pero ¿qué significa esto? Jesús enseñó que todo lo que sale por la boca proviene del corazón. Si el estado del corazón es bueno, las palabras también lo serán. Pero si en el corazón hay tristeza, engaño o amargura, así mismo serán las palabras que se pronuncian. Saldrán y harán un profundo daño (Mateo 12:34).

Esta es la razón por la que Dios nos advierte que vigilemos celosamente y con toda diligencia el estado de nuestro corazón; cada vez que expresamos nuestras ideas o pensamientos, debemos examinarnos cuidadosamente para detectar sutiles engaños. (Proverbios 4:23) Si el corazón es como una fuente que produce aguas que pueden ser puras o contaminadas, debemos asegurarnos que nuestro corazón se encuentre libre de resentimientos, amarguras, discordias, angustias, envidias y todo sentimiento que lo dañe y contamine. 

Tal vez nos cueste trabajo controlar nuestras palabras, sobre todo cuando lo que otros nos dicen nos desagrada, pero aquí tenemos la clave que nos va a ayudar, y consiste en rendir nuestro corazón a Dios, entregárselo para que Él lo purifique, lo guíe y lo proteja. Entonces Él controlará cada pensamiento, sentimiento y decisión que se produzca en nuestro corazón. Él hará como un control de calidad, y no permitirá que salga nada que pueda dañarnos o dañar a otros. Dios cambiará lo malo en bueno, transformará y sanará cualquier impacto negativo, cualquier herida o injusticia, y producirá lo que viene de su propio corazón: Vida, amor y paz. Esto es vivir la plenitud de la unción del Espíritu Santo.

De los labios de una persona rendida a Dios, solo saldrán palabras de bendición, que se convertirán en semillas que producirán fruto de bienestar, de paz, de sanidad en quienes la reciben.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor te alabo y te bendigo. Ahora mismo rindo mi vida delante de Ti, y te suplico que tomes lo profundo de mi corazón, lo sanes, lo restaures, lo purifiques y escribas en él tus palabras, para no pecar contra Ti. Gracias por conducirme hacia tu voluntad, Amén.”

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