jueves, 9 de octubre de 2014

#guillermorodriguezl #construyendofamilia

OCTUBRE 9
EN MI PALACIO VIVE DIOS

“Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee” (Lucas 11:21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 7:24-27

Cuando tenemos algo tan valioso que consideramos como un tesoro, entonces lo guardamos con celo y sumo cuidado. Nos comportamos muy prudentemente y tomamos las medidas necesarias para cuidarlo. De ninguna manera damos las cosas por hecho ni ahorramos esfuerzo alguno para preservarlo.

Lamentablemente hacemos todas estas cosas con muchas de las posesiones materiales que tenemos, pero no ponemos el mismo empeño en cuidar los valores más preciados e irremplazables que Dios nos ha dado, como es la familia. El hogar, los padres y hermanos, el cónyuge y los hijos, son tesoros de incalculable valor, pues nos han sido dados como un legado, una preciosa herencia que viene desde Abraham (Génesis 17:6-7) y que cuenta con toda la salvación, el perdón y la bendición que Jesús ganó para las familias de la tierra en la cruz del Calvario (Efesios 3:14-15).

En medio de una sociedad que en vez de cuidar y proteger la familia, la debilita atacando sus más sagrados cimientos, los hijos de Dios contamos con la mejor y más poderosa arma para guardarla y fortalecerla: La misma presencia de Dios en medio de nuestra familia, pues donde está Dios, reina el amor, la paz, la misericordia y el perdón.

Cuando el palacio (hogar) está bien cuidado, es muy difícil que alguien entre a robar. Pero no son los modernos sistemas de alarma o los más costosos seguros contra todo riesgo lo que podrán proteger un hogar de sus verdaderos enemigos como son el egoísmo, la indiferencia, el materialismo, el engaño, la mentira, la ausencia de amor, el resentimiento, etc. Sólo un hogar donde more la presencia de Dios podrá mantener la paz y la armonía, el amor y la unidad. Pero la presencia de Dios habitando una casa, sólo viene fruto de que sus miembros lo reconozcan como el Autor y Salvador de su familia, estén dispuestos a hacerlo reinar en sus corazones, y le entreguen el control y el manejo del hogar, en la medida en que cultivan la oración, la lectura de la Biblia y la obediencia a sus principios. Entonces, la presencia de Dios habitará en dicha casa y la mantendrá fuerte y advertida contra toda amenaza.

Hoy más que nunca nuestra familia necesita la ayuda de Dios, de lo contrario seguiremos edificando nuestros palacios sobre la arena. Solo Dios a través de su Santo Espíritu puede guiarnos con sabiduría, en la hermosa experiencia de edificar una familia: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmos 127:1). Hoy puede empezar a recorrer la senda más segura para su familia, la de la oración juntos, y así poder repetir con gozo: “Jehová de los ejércitos, está con nosotros, nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:11)

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre, qué hermoso es acercarme a tu presencia para levantar mi oración y mi clamor por mi familia. Hoy te ruego que seas Tú tomando nuestras vidas, y nos ayudes a permanecer en perfecta comunión contigo, y así cada día vivir la extraordinaria bendición de protección y seguridad en Cristo Jesús, Amén.” 

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