miércoles, 17 de febrero de 2016

Devociónal Febrero 18

RESPUESTA DE DIOS A NUESTRO CLAMOR

“Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:2-3)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Jeremías 29:11-13; 48:6, Juan 5:19-47

Clamar significa levantar la voz, grito de súplica, desear vivamente algo, pedir con intensa necesidad. A través de esta promesa, Dios nos invita a clamarle a Él, ya que es el único que puede dar respuesta efectiva a todas nuestras necesidades, sean éstas de cualquier índole o intensidad. Sin embargo, aunque es legítimo que como hijos aprovechemos la oración para clamar a Dios por el sinnúmero de situaciones en que necesitamos su intervención sobrenatural, la invitación que nuestro Padre nos hace hoy es a que le busquemos por lo que Él es y no tanto por lo que Él nos puede dar.

Si nuestro principal motivo para orar vehementemente, colocando todo el corazón en esa oración y todas nuestras fuerzas, es por conocerlo a Él cada día más, por experimentar un crecimiento espiritual cada vez mayor; y si levantamos nuestra voz llenos de fe, pero sobre todo de un profundo amor a Dios, pidiendo por un corazón siempre sensible a Dios, que sepa conocer su voluntad y sea obediente a sus preceptos, entonces los resultados serán sobrenaturalmente manifiestos: Él nos responderá y nos enseñará cosas extraordinarias, desconocidas para nosotros hasta ese momento, que fortalecerán nuestra voluntad y mantendrán nuestros corazones fieles a Él y dispuestos a cumplir su voluntad.

Vale la pena entonces seguir el ejemplo que nos dejó el mismo Señor Jesucristo, cómo buscaba a su Padre en lo secreto, cómo clamaba a Él aún en medio de difíciles circunstancias, como por ejemplo, cuando era perseguido por sus acérrimos enemigos. Estar con su Padre, conocer su Voluntad, seguir sus instrucciones, eran su victoria, su fortaleza y su descanso. ¡Cómo disfrutaba de la seguridad que le brindaba la intimidad y la cercanía con su Amado Padre! ¡Con cuánta providencial sabiduría hablaba y actuaba al punto de producir admiración extrema hasta en sus propios detractores!

HABLEMOS CON DIOS

“Padre, gracias porque a través de la oración has dispuesto una fuente permanente e inagotable de vida para mí. A través de ella puedo acercarme a ti, conocerte cada día más y recibir tus preciosas enseñanzas, tus consejos que me instruyen, me hacen sabio(a), me muestran el camino a seguir. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios, tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” 


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