domingo, 20 de noviembre de 2016

Devocional Noviembre 21

MUDANDO CORAZONES

“Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.” (1 Samuel 10:6)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 4:23; Ezequiel 11:19-21; Lucas 12:33- 34

Indudablemente es el estado del corazón del hombre el que determina como es su vida. Recordemos que “El corazón alegre hermosea el rostro”, pero de igual manera también dice el proverbio “por el dolor del corazón el espíritu se abate”. Esta sola porción de la Biblia nos amplia la enseñanza del estado del corazón ya sea alegre o adolorido.

La Palabra de Dios nos hace referencia a un hombre llamado Saúl, que fue mudado en otro hombre, es decir, su corazón fue cambiado, fue transformado; pero vemos también que esto viene de la acción del Espíritu Santo sobre su vida, a partir de la cual comienza un futuro totalmente diferente para Saúl, muy distinto al que seguramente su padre y su familia habían planeado para él.

Cuando Dios por el Espíritu Santo muda a un hombre, muda también sus anhelos, sus planes y cambia el tesoro que hay en su corazón, es decir, aquellas cosas a las que vivía aferrado hasta ese día. Hay tres cosas que se manifiestan en la vida de quien ha mudado su corazón:

1. El Espíritu Santo viene, toma la vida de la persona para guiarla, dirigirla y controlarla. Esto quiere decir que viene para desconectarnos de nuestras propias decisiones, afanes, ambiciones y para conectarnos con Él; Para llevarnos a vivir como Él y hacer como Él, es decir, vivir como Cristo y hacer las obras de Cristo.

2. La persona profetizará. Es decir los frutos y los dones van hacerse evidentes en su vida. Vamos a revelar, no algo nuevo, pues ya todo está dicho, sino las Buenas Nuevas, el evangelio de Dios.

3. Su corazón será mudado, haciéndose evidente la máxima prioridad de su vida, lo codiciable para quien es mudado: mantener la comunión y la llenura del Espíritu Santo.

El rey Saúl fue desechado después de haber sido mudado su corazón, porque no se mantuvo en este tratamiento, presentando cada día su corazón a Dios. Se llenó de soberbia, de poder, de conocimiento, se olvidó de su verdadero tesoro.
Cuidémonos pues, de llenarnos de nosotros mismos y busquemos ser llenos del Espíritu Santo todos los días.

HABLEMOS CON DIOS:

“Bendito Padre celestial, a partir de hoy mi clamor a ti será: muda mi corazón y lléname con tu Espíritu Santo, para que el tesoro de mi corazón no sea mi ego, mi orgullo, mi autosuficiencia, sino, lo verdaderamente codiciable que es tu Santo Espíritu, Amén.

 

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