jueves, 1 de diciembre de 2016

Devocional Diciembre 2

MORADA DE DIOS

“Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová” (Isaías 66:20)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Crónicas 30; Salmo 132:11-18; Isaías 66

En la Palabra de Dios frecuentemente encontramos frases como estas, que llegan a constituirse en oraciones permanentes que el mismo Dios nos enseña para que cultivemos la fe y el anhelo por visitar su tierra, el sitio que escogió como morada para sí. Subir a Jerusalén y llevar a alguien con nosotros, es como presentar ofrenda agradable a Dios, es honrar al Padre, es rendir homenaje al Rey.

Hubo un hombre en la historia del pueblo de Israel, el rey Ezequías, quien había descubierto que la mejor manera como él podía consolidar su reino y alcanzar la bendición de Dios para su pueblo, era ejecutando lo bueno, recto y verdadero delante de Él, teniendo en cuenta todos sus mandamientos y buscándolo con todo su corazón. Así, que convocó a todo el pueblo de Israel, a todos los habitantes de las diferentes ciudades conquistadas, a reunirse en la casa de Dios en Jerusalén, con motivo de la celebración de la fiesta de la Pascua.

La Biblia nos cuenta que Ezequías pasó invitación y realizó un sentido llamado a todos los habitantes de Israel, para que viniesen a honrar a Dios a Jerusalén y lograran así su misericordia para librarlos de sus enemigos que los rodeaban. Sin embargo, muchos se burlaban de él y no acudieron a la cita, y fueron precisamente las ciudades invadidas posteriormente por los asirios. Pero todos aquellos que acudieron a Jerusalén fueron bendecidos y prosperados, y de Ezequías quien siempre buscaba agradar a Dios, la Biblia nos dice: “en todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la Ley y los Mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado” (2 Crónicas 31:21)

Así como la bendición y la prosperidad de grandes hombres de la Biblia, está relacionada con su amor a Jerusalén y con la clara visión que de ella tenían como la ciudad de Dios, así también nuestra vida puede ser grandemente bendecida si oramos a Dios para que nos revele el significado de esta tierra especial; si alimentamos el anhelo de visitarla; si vamos y también llevamos a otros; si reconocemos que en ella, al igual que al lado de una madre, los seres humanos recibimos el Consuelo de Dios, somos mimados y reverdecidos, somos bendecidos y prosperados.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Santo, bendito y alabado sea tu nombre, y bendita la ciudad donde has colocado tu estrado. Bendito seas por proveernos a través de ella el consuelo, la ternura y los mimos de una madre. Gracias por confirmar a Jerusalén como la ciudad eterna, Amén”.

 

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