lunes, 5 de diciembre de 2016

Devocional Diciembre 6

IMPACTANDO EL MUNDO

“Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13: 13-15)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 22:24-27; Hechos 20:18-38

Estamos llamados por Dios a impactar al mundo con nuestra forma de vivir. Podemos causar profundas transformaciones sociales si tan sólo tenemos claro: quiénes somos y cuál es el propósito que tenemos para vivir.

Para eso, debemos dejarnos transformar por Dios, que Él renueve nuestro pasado y nos desprograme de todo miedo, egoísmo e indiferencia que llevamos dentro.

Lo primero que Dios colocará, si nos disponemos para ser tratados por Él, es el don de servicio. Me refiero a esa misma actitud que tuvo el Señor Jesús al “lavar los pies de los discípulos”, atendiéndoles de noche y día, velando por ellos, soportando sus debilidades, enseñándoles y ayudándoles a crecer.

Cuando servimos de esta manera a quienes nos rodean y/o están bajo nuestro cargo, los demás comienzan a ver en nosotros, autoridad de Dios. Aunque implica despojarnos de nuestro orgullo, el servicio desinteresado trae grandes dividendos, pues hace que nuestra dignidad suba a los ojos de Dios.

La clave del servicio es no mirar a quien se sirve, pues estamos llamados a servir por igual a aquellos quienes nos llenan de orgullo y satisfacción, así como también a los que son nuestro motivo de quebrantamiento. En últimas, nuestro servicio no es para hombres, sino para Dios, y es de Él que recogemos los frutos.

Cuando se cultiva el servicio en la familia, en la empresa, o donde quiera que estemos, se genera unidad, pues también otros se motivan a ser generosos y a servir.

Encontramos a otras personas en quienes se comienza a desarrollar un compromiso con nuestra misión. El servicio entonces genera unidad, compromiso y fortalecimiento social. Ahora bien, si esa unidad entre las personas, se cultiva y se alimenta permanentemente en una unidad y permanencia en Dios, entonces será permanente, verdadera y fructífera.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, qué fácil es criticar al mundo pero no hacer nada para transformarlo. Capacítame por tu Espíritu para ser un verdadero discípulo de Cristo. Que fruto de permanecer en Ti, pueda servir desinteresadamente e inspirar a otros a hacer lo mismo, generando unidad, desarrollo y progreso a mi alrededor”


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