miércoles, 7 de diciembre de 2016

Devocional Diciembre 8

PODER DE LO ALTO

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré mi Espíritu, y profetizarán” (Joel 2:28-29)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 59:21; Hechos 2:1-47, 19: 1-7

Esta extraordinaria promesa que había anunciado siglos atrás, el profeta Joel, tenía lugar en Jerusalén, días después de la ascensión del Señor Jesucristo a los cielos, en el contexto de la obediencia de los discípulos, al reunirse en el Aposento Alto, a orar y a rogar, en unidad de espíritu, por ese Consolador prometido.

El relato bíblico nos cuenta que algo maravilloso aconteció sobre la vida de todos aquellos que estaban reunidos en ese lugar. Me llama mucho la atención, que la primera manifestación son las lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. El fuego es un símbolo del Espíritu Santo que hace referencia a la acción limpiadora y purificadora, consumiendo toda la escoria: orgullo, altivez, rebeldía, necedad, autosuficiencia, dureza de corazón; y todo aquello que no nos deja vivir la vida abundante que Jesús vino a darnos.

El sobrenatural suceso continúa cuando todos son llenos del Espíritu Santo y comienzan a hablar en otras lenguas. Esto también tiene un significado muy especial, pues el Espíritu Santo desciende para llenar todo vacío, para suplir toda necesidad, para abundar en medio de la escasez. Sólo necesita corazones que se hayan despojado de sus esquemas, de sus dudas y egoísmos. Pero como si fuera poco, todos los que estaban reunidos fueron llenos de un poder y un denuedo especial que los hizo valientes para hablar palabras de vida que conmovieron profundamente los corazones de quienes los escuchaban, redarguyéndolos y llevándolos a creer en Jesucristo como Señor y Salvador de sus vidas.

El Espíritu Santo les dio una rara autoridad, que hacía que la gente se agolpara para escucharlos. ¡Ya no eran los mismos! Habían sido transformados en hombres nuevos que vivían ahora para un propósito claro, trascendental y eterno: Sembrar a Cristo en el corazón de cada ser humano sobre la tierra.

¿Anhela usted también experimentar todo el poder de lo alto?

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno, gracias porque recibir a Cristo en mi corazón, me hace partícipe de esta maravillosa promesa. Que fruto de mi obediencia, mi oración y mi unidad perfecta contigo, viva un verdadero Pentecostés cada día”

 

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